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La esquina inmortal
Hay un edificio que no se abrirá al público el día del patrimonio, pero debería,. Es la esquina de Juan Carlos Gómez y Rincón, en cruz con la Plaza Matriz y si hoy es preciosa es porque unos archirectos y un dueño se pusieron la camiseta.
Allí, en Rincón y Juan Carlos Gómez, estaba el Café de los Inmortales, donde sabía sufrir Florencio Sánchez y descansar la gente de Marcha, entre sus paredes verde claro y ante la foto de Gardel adornada con flores de plástico; con todo, lo peor era el café que servían, se recuerda. Tras la barbaridad que se hizo en nombre de edificar el Ministerio de Transporte y Obras Públicas, vino el parate que impulsó al comienzo de la década pasada el movimiento de reivindicación de Ciudad Vieja integrado por el hoy intendente Mariano Arana. Entonces el dueño de la esquina hoy salvada se encontró que aquello que se caía a pedazos había sido declarado patrimonio histórico, así que demoler para edificar, nada. Fue el empuje del arquitecto Enrique Besuievsky, recuerdan hoy sus colegas en aquel emprendimiento, el que convenció al dueño y a ellos mismos de hacer una obra de reciclaje que fue de las primeras y que aún hoy no tiene par, afirma sin timidez el arquitecto Isidoro Singer. (…) El edificio, construido entre 1850 y 1860 y uno de los más antiguos en pie de toda Ciudad Vieja, se derrumbaba a esa altura de 1983, sin necesidad de empresa de demolición. Hubo que sostenerlo con sunchos de hormigón y darle vitaminas arquitectónicas, pero quedó en pie. En definitiva, la obra hecha fue mucho más allá de lo reclamado por la exigente Comisión de Patrimonio y mereció plenos reconocimientos de las autoridades. (…) Hoy Singer y Clikberg recuerdan las excavaciones y las cosas que aparecían bajo esa tierra de memoria colonial, y cómo lo casual era tomado por ellos como elemento que determinaba el diseño, dejando de paso que la historia marcara su rastro. Dos años trabajaron y todo fue hecho literalmente a mano, con un presupuesto obligadamente bajo. Hoy, en Pecarí (tienda en planta baja) el revoque desnuda parcialmente una pared colonial hecha con granito unido con mortero y las distintas épocas de este país están allí, como capas que son. Pero la reconstrucción tiene algo más que detalles; tiene un aire, un clima, en el que el visitante se sumerge. Y eso es lo más lindo. |